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Profesor Luis Andrés Hernández

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Luis A. Hernández G.

Lo importante es el diploma, ya habrá tiempo para aprender!

May 9, 2019 / Caracas

DEBIDAMENTE ENTRENADOS

Tenía reunión de Consejo Universitario en Caracas y partimos desde el viejo aeropuerto de Porlamar. No habían pasado cinco minutos de vuelo–el avión estaba dando la vuelta en el peñón frente a Pampatar, cuando todos percibimos un fuerte olor a papel quemado, seguido de un desgarrador grito de ¡FUEEGOOO!

La angustia se apoderó de todos, expresándose en diferentes maneras y de forma instantánea: Rezos, gritos de devuélvanse, alaridos…y un señor leyendo las instrucciones de las medidas de seguridad se ponía una almohada entre el pecho y sus piernas…Mi reacción me sorprendió: Me despedí mentalmente de Rosa Mercedes, les eché la bendición a Miriam y a Luis Ramón, y quedé como cuando a uno lo inyectan para operarlo. ¡No tenía voluntad de nada! Para mí había llegado el fin. Y a una joven señora a mi lado el pánico la tomó rasgarse la blusa, quedando en sostenes con una cara de espanto indescriptible…

Una voz masculina —presumo que la del capitán— hizo llamados de calma, mientras alguien —quizá el copiloto—llevando a mano un extinguidor también informaba a gritos que el fuego estaba totalmente controlado y que el avión iba a seguir el vuelo porque la situación estaba totalmente controlada.

Inmediatamente y aún cuando el pasaje rezaba, gritaba, o leía instrucciones, el del extinguidor y otro uniformado, llevaban a una persona que gritaba y lloraba como un demente, fue conducido hacia la parte delantera del avión y prácticamente lo obligaron a callar porque su bulla la callaron de inmediato.

El avión hizo un toque técnico en Barcelona, y todo el mundo bajó, mientras que la misma voz masculina seguía emitiendo mensajes de calma y anunciaba que continuaban el vuelo hasta Maiquetía porque la situación era completamente normal.

La pasajera a mi lado, en sostenes, compulsivamente me pidió que le prestara mi saco para salir de la nave, prometiéndome que al solucionar su problema me lo devolvería. Me quité mi saco, se lo presté,¡y no la vi más nunca en mi vida!

El llamado de volver a abordar, prácticamente, lo atendimos yo y una que otra persona; proseguimos nuestro viaje hasta Maiquetía.

Una aeromoza nos contó que el pasajero a quien se llevaban como detenido, al despegar el avión leía el periódico del día, le dieron ganas de fumar, prendió un fósforo y al tratar de apagarlo, un fragmento del mismo encendió el periódico. El pasajero entró en pánico, tiró el periódico al piso, y teniendo dificultad para apagarlo, entró en pánico y gritó ¡FUEEEGOOO!

Al preguntarle a la aeromoza qué pasó con el desdichado, ella simplemente nos indicó que la tripulación estaba “entrenada para tranquilizarlo”, y de hecho lo lograron, porque uno de los pasajeros que bajaba lo llevaban como drogado, y todos sospecharon que era él. ¡Yo creo que lo jodieron! Comentaba uno en el salón de espera.

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