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Profesor Luis Andrés Hernández

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Luis A. Hernández G.

Lo importante es el diploma, ya habrá tiempo para aprender!

October 12, 2016 / Caracas

BOTADO DEL MINISTERIO

Eran años difíciles en la política venezolana. Comenzaba la década de los sesenta. Yo tenía unas horas de docencia (como profesor no graduado aún) en una escuela técnica que quedaba en el norte de Caracas.

Una mañana se prendió una sampablera en los patios frontales de la escuela y la agitación era muy intensa. Había un estudiante con un mechón encendido que caminaba hacia un viejo autobús, aparentemente dispuesto a prenderle candela.

Me propongo identificar bien al muchacho desde adentro de la escuela, porque me parecía familiar. Y claro que me lucía familiar ¡era uno de mis alumnos de primer año!

Corro abriéndome paso hasta llegar a él. Y, agitados los dos, empiezo a darle una improvisada perorata para convencerlo de que no debía quemar el autobús. Entre otras cosas, que él no estaba tratando de quemar un vehículo de un personaje que representaba al objeto de su protesta, sino que ¡iba a quemar el autobús que lo traía a la escuela! Luego de una fuerte discusión entre los dos, el muchacho en cólera, sintiéndose vencido por mis argumentos, tiró al suelo el mechón llorando de impotencia.

Versión de un sector interesado:  El profesor Hernández se dirigió al alumno para darle contraórdenes sobre la quema del autobús en cuestión, y que el muchacho, sintiéndose frustrado por el fracaso de su misión lanzó el mechón al suelo.

El caso fue discutido entre los que aseguraban que yo no era figura política y los que opinaban lo contrario. Poco después me llegó una citación al ministerio. Al asistir a la cita, el personaje que me atendió, me espeta ante mi asombro:

–Así que usted es el conspirador que tiene agitados a los estudiantes de la escuela técnica.

¿Usted tiene carnet? Sin saber qué contestarle, se me ocurre una idea, dándomela de listo, pero que al final de la entrevista resultó fatal, le respondo:

–Sí, sí tengo carnet.

–¿De qué parroquia?

–La verdad es que no le entiendo.

–¡Le he preguntado que si tiene carnet!

— Sí, sí tengo carnet. Y ya furioso, me grita:

–¿De qué parroquia?

— No sé de qué me habla, sigo sin entender.

— ¡Enséñeme el carnet, si es que lo lleva encima!

Y yo, creyéndome victorioso, le enseño con todo orgullo mi carnet de tercer año del Instituto Pedagógico de Caracas.

–¡Señor Fulano! le grita furioso al portero de la oficina, ¡saque inmediatamente a este cómico del despacho!

Y el fornido señor Fulano, me tomó violentamente de un brazo –que casi me lo saca de su sitio– y en menos de lo que canta un gallo cumplió su misión y le gritó a otro funcionario subalterno–¡Sáquelo del edificio! Éste, sin embargo, se mostró compasivo. Ven mijo, tú como que te metiste en vainas…

Pocos días después me anunciaron oralmente que estaba despedido por órdenes del ministerio. Así, sin más.

Supe, por boca de compañeros, que tenía levantado un expediente, y que me sería muy difícil hacer carrera en educación. ¡Afortunadamente no fue así!

ooo

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