EL IMPEDIMENTO DE RUFINA
Un día, me contaba una prima, pasó por su rancho una comisión religiosa con el decidido propósito de adoctrinarla a como diera lugar. Rufina aparentaba estar conmovida por los argumentos brillantes y convincentes de los miembros de la comisión. Y cuando ellos consideraron que la campaña de convencimiento estaba lista, la conmiraron a recibirse. Rufina, sin muchos miramientos y con toda naturalidad del mundo, les espetó: “¡No mijito.A mí me gusta mucho singá!”