LA DIFICULTAD DE CAYAYO
Por los años setenta del pasado siglo, en el Núcleo de Nueva Esparta de la Universidad de Oriente, existía un grupo coral cuyo repertorio consistía, casi exclusivamente, en la bella música tradicional de Margarita. Era la «Rondalla Universitaria Margariteña».
Otra característica de la Rondalla era que estaba integrada por miembros del personal directivo, profesores, personal universitario administrativo, obreros y cónyuges e hijos del personal.
En una presentación de la agrupación coral en Punta de Piedras, en honor a la Virgen de las Mercedes, patrona de dicho puerto, el ambiente para ellos era muy incómodo porque sentían las explosiones de los cohetes, tumbarranchos, y toda clase de fuegos pirotécnicos como si los tiraban detrás de la tarima en que estaban ubicados para actuar. El temor, sin embargo, era infundado, pues el sitio desde donde los operaban quedaba distante.
Al comenzar el concierto, justo en el momento en que el director le hace la señal pertinente al guitarrista para la introducción del tema, suena un intensísimo tumbarrancho que lo desconcentró totalmente. Éste, profesor de matemáticas, súmamente alterado, se voltea y le dice a un integrante el cual era representante de los obreros,
–Cayayo, ¡PARA ESOS COHETES!
Cayayo, conocido músico popular margariteño –muy querido y respetado en el Núcleo— al final de la presentación, sumamente indignado, le dice al director,
–Profesor. ¡Le informo que no cuente más conmigo en la Rondalla, porque como soy obrero, los demás se creen con derecho a mandarlo e insultarlo a uno, y yo no estoy dispuesto a aceptar esto !
El director, testigo de la escena, le dice que no es para tanto, que el profesor estaba muy nervioso y reaccionó de esa manera, pero que no estaba pasando nada, que no se sintiera aludido.
En realidad Cayayo estaba tan alterado y nervioso como el profesor que le dio la orden, pues le contestó al director,
—No lo defienda. Yo no tengo culpa ni responsabilidad de esos cohetes, y además, profesor, ¡después que esos cohetes están bien arriba, ¿quién carajo los puede detener?!
ooo