EL LATÍN DE CAMILO
Camilo estudiaba en el “Simón Rodríguez” en la década de los cuarenta. Era uno de esos alumnos muy inteligentes, pero enemigos de la disciplina de sentarse a estudiar, tomar los estudios en serio, llevar las materias al día, estar pendientes de consultar libros para enriquecer la enseñanza del profesor, de los que “¡Quía! Eso es una pendejada…”. Siempre andaba a la caza de inventarse cualquier treta para tratar de engatuzar al profesor.
Camilo estaba seguro de que no valía la pena ponerse a estudiar latín porque era una materia facilísima, “sólo hay que cogerle el tino”, solía decir.
El profesor de la materia era sensible en detectar este tipo de estudiante, altamente especializado en la defensa y en el contra-ataque, y ¡perfecto conocedor del caso Camilo!.
Alumno y profesor se encontraron frente a frente, como dos gladiadores, en un examen de julio, oral.
–Camilo Sánchez, ¿cómo se dice libro en latín?
–Librórum, profesor.
–Muy bien, Sánchez. ¿Y lápiz?
–Lapizórum, profesor.
–Ajá. ¿Y pizarrón?
–Pizarronórum, profesor.
–¡Hum!. ¿Y tiza?
–Tizórum, profesor.
–¡Excelente! Sánchez. Puedes retirarte… Sánchez ¿Cómo quieres que te ponga el Cerórum? ¿Redondórum o Cuadradórum?
ooo