LOS MALOS AIRES
En los años 30 y principios de los cuarenta se pensaba por acá por Carúpano que irse a Caripito a trabajar era algo parecido a un suicidio, porque la gente en verdad conseguía trabajo, pero al poco tiempo era víctima de las “fiebres terciarias”, es decir una fiebre que aparecía con escalofríos que se repetía cada tres días.
El humor del venezolano y particularmente el del oriental, convertía esta tragedia en risas. En mi casa se hablaba de un Gregorio que reunió unos reales, para irse. Y cuando sus allegados, sobre todo sus padres, se alarmaban por su decisión él les decía:
— Mira mamá, yo me voy a trabajar a Caripito. Allá conseguiré trabajo, y ganaré lo suficiente para que ustedes no pasen más trabajo. Yo tendré real para los domingos ponerme elegante y conseguir una mujer bonita para casarme… ¡Miren! ¡Cuando yo regrese no me van conocer!
Y el cuento seguía con que Gregorio consiguió trabajo. Como a los seis meses la familia de Gregorio se alarmó una madrugada por unos sonidos débiles que trataban de llamar la atención. Abrieron la puerta y aparentemente no era nadie. La cerraron, pero el ruidito seguía, y ya exasperados:
— ¡Bueno, cuál es la vaina! Si eres un muerto en pena estamos dispuestos a rezarte!
— No, no muerto… Flegorio… Flegorio…Flegorio….
—No, Gregorio no está. Él está trabajando en Caripito y…
—Soy Flegorio mamá, papá…Estoy grave… Gregorio estaba muy flaco, pero hinchado, con cara de cadáver y muy amarillo. Carecía de fuerzas para mantenerse de pie.
—¡Ay, mijo! Tú bien lo decías, ¡que no te íbamos a conocer!
Y se contaban muchos cuentos con el mismo tono burlesco. Con ese humor negro tapaban la desgracia del paludismo que azotaba a Caripito, y la gente atribuía el mal a las pestilencias que emanaban en la zona.
Traigo a colación este tema porque hace unos cuatro años compré un libro en inglés cuyo titular era simplemente 1493, escrito por Charles C. Mann, quien habla sobre las consecuencias mundiales del arribo de Colón a América.
Y una de ellas va dedicada al paludismo. De Mann aprendí que Colón hablaba en sus crónicas de una enfermedad que se llamaba çiçiones, y que poco más tarde en Europa y África se hablaba de fiebre terciaria, y de malaria. Y destaco malaria no porque me asombre porque se llame así, sino porque Mann dice que la palabra malaria proviene de mal aire por la asociación que se hacía de los pantanos con la presencia de la enfermedad, que no era otra cosa que el habitat perfecto del mosquito portador del parásito de la misma.
¡Y por esta razón llamaban a mi tío Goyo, Flegorio,. ¡Pero nada que ver!