EL HUMOR DE JUAN PABLO: LA PEPITA DE GUALBERTA
Juan Pablo González era un humorista vernáculo que vivió toda su vida en Guaruchal, un campo del Municipio Benítez cerca de Cumacatar pero de difícil acceso por allá por los años 40 del siglo pasado. A la gente acostumbrada a echar chistes la llamaban “cacheros”, porque a los chistes le llamaban “cachos”. Y eso era Juan Pablo, un “cachero” extraordinario.. Su particularidad era que echaba sus cuentos como si en verdad hubieran ocurrido.
Hermenegildo Gutiérrez, buen compadre mío, se encontró una vez al borde de la muerte por allá por los caños de Caripito. Y cuando ya se la sentía cerca, llamó a su mejor amigo, soltero, para que se hiciera cargo de su mujer Gualberta.
“Compai, lo he mandado a llamar porque me estoy muriendo y no quiero dejar a Gualberta desamparada.”
“No compai, no me eche esa vaina, usted no se está muriendo, esto va a pasá.”
“Si compai, la pelona me lleva, me la siento en los huesos, compai.”
“Que no compay. Me une una gran amistad con ella y con usted, pero eso que usted me está pidiendo…es como una traición a esa amistad.”
“Compai, quédese con Gualberta. No se va a arrepentí. Yo la dejo bien. Ella cría cochinos pa vendé, tiene sus gallinas que le producen huevos, tiene su conuco que mal que bien siempre tiene cosecha….quédese con Gualberta compai.” Y como el amigo no mostraba el menor interés en la oferta, porque Gualberta era feísima, Hermenegildo, que ya creía que iba a echá el último suspiro, le susurró al compadre, “quédese con ella compai, ¡Gualberta tiene una pepita grandísima!…”
¿Y sabes una vaina, Luis Andrés? El compadre Hermenegildo no se murió ¡y hasta el año ochenta andaba porái echando vaina! Y vivió con Gualberta ¡hasta que en verdad la pelona lo sacó de su sitio!
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