¡QUÉ GUAPO ESE CARLOS ALBERTO!
Hace algunos años murió un gran amigo nuestro y, como es de esperar, muchos acudimos a dar testimonio de nuestro pesar a su esposa e hijos en la capilla velatoria. El amigo había sufrido varios accidentes cardiovasculares durante su vida, hasta este último que acabó con su existencia.
Después de haber cumplido con los familiares me puse a conversar con la muy joven hija de un amigo común. En un momento de la conversación, refiriéndome a la gran resistencia de Carlos Alberto, el difunto, le digo:
–¡Qué guapo ese Carlos Alberto! A lo que ella me responde cándidamente,
–¿Le parece guapo? Perdóneme, no puedo compartir esa opinión suya. Me impresiona mucho la expresión facial de un cadáver, y mucho más la del señor Carlos, quien fue tan buen amigo de nosotros.
Yo me la quedo mirando fijamente y sonriente. Ella, como sospechando que había cometido una imprudencia, se disculpa diciendo que si había dicho algo malo que habría ofendido la memoria del difunto, la perdonase por no haber sido su intención. Le respondo:
–No, Beatriz. Lo que pasa es que tenemos una brecha generacional inmensa. Comprendí perfectamente lo que querías decir, y no has ofendido a nadie. Para demostrártelo, voy a llamar a tu mamá y le voy a decir exactamente lo mismo que te dije. Observa cómo reaccionará ella ante la misma expresión.
–Carmen, ¡Qué guapo ese Carlos Alberto!
–Sí, Luis. Muchos se van de este mundo en el primer ACV o infarto. ¡El cuarto fue el que pudo vencerlo!
ooo