Skip to content

Profesor Luis Andrés Hernández

  • About

Luis A. Hernández G.

Lo importante es el diploma, ya habrá tiempo para aprender!

May 11, 2019 / Carupano

¡QUE SORPRESA, PAPÁ!

¡Qué agradable sorpresa, papá! Partiste de este mundo hace más de 70 años, siendo yo muy niño, y ¡nunca me habías dado la oportunidad de soñar contigo! Cuando cumplí 18 años, y me encontraba en Caracas sintiéndome muy sólo ¡cuánto te añoré! Yo fui testigo de toda la escena cuando partiste. Y no podía entender todo aquello que estaba pasando. Pero entendí muy rápido que ya no contábamos con tu apoyo. Esperaba en vano que regresaras a casa cuando trabajabas por temporadas fuera de Carúpano. Choíta te guardó luto permanente. Juró —ahora no sé si fue sabio— no ponerle padrastro a sus hijos. Esa decisión nos marcó severamente, a tal punto que mi hermano Reinaldo y yo terminamos estudiando, yo en Carúpano y él Margarita. ¡Pero todo terminó bien! Salimos exitosos en la travesía….

Pero a pesar de que estuviste con nosotros sólo seis años, estoy orgullosísimo de ti papá. Varias fuentes de información me confirmaron que fuiste un hombre bondadoso. Te voy a contar lo que supe de ti:

La de mayor envergadura: Le tendiste la mano a un joven caído en desgracia con su indignado padre—yo no había nacido aún—porque aquél apareció implicado en una conspiración contra el General Gómez, estando estudiando en la Escuela Militar.. No porque fuese político y lo estuvieras apoyando ideológicamente, sino porque aquél joven te partió el alma. Estabas trabajando en Barcelona. Cuando cambió la situación política del país por la muerte del mandatario, el joven tuvo oportunidad de reingresar a la Escuela Militar. En su carrera, ese joven llegó a ser General y ocupar un altísimo cargo en la República. ¡Y què tú jamás acudiste a él en solicitud de recompensa alguna por el apoyo material, moral y espiritual que le brindaste durante el tiempo de su desierto! Lo bueno de esta anécdota, papá, es que esto me lo contó el mismo personaje en sus últimos años de su vida. Alguien quien te conoció, que sabía esta historia, para mí desconocida, me pidió que lo acompañara a una visita que le iba a hacer a este importante personaje en busca de un favor. En otras palabras, me utilizó sin mi consentimiento para que yo sirviera de carnada. Estudiaba yo Pedagogía en Caracas. Por supuesto, en la presentación de rigor se informó que yo era tu hijo Luis Andrés. Luego de haberse discutido en qué consistía el favor solicitado, el General me llamó aparte y me contó la historia que he resumido aquí, con todos los detalles. Emulándote, papá, no fui capaz de aprovecharme de esa bella relación de amistad que tuviste con el viejo general, no obstante sus ofrecimientos de tenderme la mano “como una vez vez me la tendió Luis Ramón”.

En otra ocasión, casi unos treinta años después, asistí a un concierto de música clásica, atraído no sólo por mi gusto por ese género musical, sino porque había sabido que el director de la sinfónica era descendiente de tu gente. Al terminar el concierto, me uní a las personas que iban a felicitarlo por su excelente trabajo de esa noche. Allí le dije que era hijo tuyo, y el director me pidió que por favor no me fuera, que esperara a que él terminara con la gente que lo iba a felicitar, porque tenía algo importante que decirme. Me quedé estupefacto. No te imaginas, papá, lo importante que tenía que decirme: “Mire, profesor Hernández, encantado de conocerlo –aunque nos habíamos conocido cuando yo era un muchacho, y él estudiaba música— yo quiero que usted sepa que su papá, Luis Ramón, ¡nos mató el hambre más de una vez, y eso no puedo olvidarlo nunca. Y ese gesto debe sellar una gran amistad entre los dos!
También supe de ti por dos compañeros músicos tuyos, uno de nombre Regalado Mata, quien murió hace unos años, y otro que todavía vive, Gustavo Rodríguez. Tocabas bombardino. Como dicen en oriente, “rasguño” el cuatro, la guitarra y el bandolín,pero nunca llegué a tocarlos debidamente. Y en lectura de solfeo, salí de kinder y estoy en primer o segundo grado. Supe también que te gustaba cantar. Eso a mí me gusta mucho. Y Reinaldo, que está por cumplir sus ochenta años en este próximo enero 2017, canta extraordinariamente bien. Te sentirías orgulloso de él.

Para honrar tu recuerdo, le puse tu nombre a mi hijo varón: Luis Ramón. Excelente muchacho.

Y cuando enfermaste por haberte bañado en un río “crecido” en San Juan de Cotúa fui con Choita a Golfo de Cariaco a recogerte. Venías en un bote, y con una voz lánguida le dijiste a mamá: “Choíta, estoy muy mal, estoy grave”. Ya no podías caminar. Te trajimos a Carúpano en un accidentado viaje, y apenas duraste unos cuatro o cinco días.

Dando lo mejor de ti pudiste despedirte de “Macú”–tu mamá– y de mis tíos, Enrique y Ricardo… Ya con Choíta no tenías voz…

¡Qué bueno haberte recordado tan vivamente! En mi sueño contigo te vi muy feliz. Tu felicidad me contagió y me desperté con una bella sonrisa…

Please follow and like us:
fb-share-icon
Tweet

Post navigation

Previous Post:

TU HERMANO, EMIRO

Next Post:

EMIRO, AMIGO FIEL

Leave a Reply Cancel reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Get new posts by email:

Recent Posts

  • Gracias Profesor!
  • Sucre Música Y Tradición
  • De Molfetta a La Asunción
  • Ínsula, La Revista de Margarita
  • PARTIÓ NAPOLEÓN EN EL 16

Pages

  • About

Categories

  • Biblioteca (3)
  • Bloomington (4)
  • Caracas (7)
  • Carupano (21)
  • Choita (9)
  • Cumacatar (4)
  • Francia (3)
  • Humor (8)
  • Humor Campesino (10)
  • Infancia (14)
  • Margarita (14)
  • Musica Maestro (4)
  • Puerto Ordaz (4)
  • Reflexiones (30)
  • Socialismo Venezolano (1)
  • Sucre (15)
  • Uncategorized (3)
©2026 Profesor Luis Andrés Hernández - Powered by Simpleasy