TOPITO, UN GRAN AMIGO
El carupanero y el margariteño se hacían amigos al conocerse. Se atraían cual imanes. Así como se decía que “cualquier catirito tenía su abuelo en África”, cualquier carupanero tenía sus antecesores en Margarita. Y no al revés. Por eso, cuando Topito Mujica y yo nos conocimos nos hicimos amigos inmediatamente.
Topito y yo estudiamos en el pedagógico para ser profesores de inglés de secundaria. Como buen margariteño de la época, veía la vida con humor, siempre recordaba un chiste, o contaba su devenir en Caracas como algo gracioso que le ocurría.
Lo recuerdo en su cuento de que una vez en la playa un compañero de “campaña sancochera” no lo dejó dormir con sus ronquidos, y al éste comentarle lo plácido que se dormía a la orilla del mar; al preguntarle a Topito cómo había dormido, éste le contesta,muerto de risa, “¡cómo carajo iba a dormir si estuviste toda la noche con ´el fuera e borda´ prendío!”
Con una sonrisa lo recuerdo cuando hacíamos la práctica docente, y se nos ordenaba que jamás señaláramos a un alumno con el dedo, ni llamarlo de tú, sino que se nos obligaba a recordar sus nombres, y Topito llama a una alumna con un apellido inventado por él, ante lo cual tres alumnos, señalándose a sí mismos con el dedo, “¿yo, profesor?”, Topito, muy nervioso por la presencia de la profesora que lo evaluaba, pierde la compostura, y le dice a la alumna en cuestión, “¡tú no chica, la der moñito!”
Más tarde, en nuestra vida profesional, siendo ambos docentes en Margarita, tuve la oportunidad de escogerlo para participar en un seminario de profesores de inglés que organizó TESOL —Enseñanza de Inglés a estudiantes de otros idiomas, siglas en inglés) y que se iba a realizar en Nueva Orleáns, Estados Unidos. Llegamos de noche, ya de madrugada Topito quería salir a ver “cómo era eso”.Esperamos las 7 de la mañana del otro día, y salimos. Alguien que venía en sentido contrario nos oyó hablando con nuestro típico acento de orientales y nos identificó como margariteños. Era otro margariteño, de Juangriego.
Y después del grato encuentro, Topito me dice:Luis, nos pasó como el cuento de dos carajos que se encuentran en Nueva York, y uno le dice al otro, con fuerte acento:
—Por favor, ¿qué hora ser?
—Ser, ser, ocho, ocho ocloc.
—No comprender bien. Yo ser otro peís…
—Yo también ser otro peís, yo ser venezueliano.
—Oh, también yo ser venezueliano. ¿que parte?
—Oh, de Marguerita.
—¿De Margarita? Entonces ¿qué coño hacemos nosotros hablando inglés?
A Topito, ya jubilado y entrado en años, le dio un infarto manejando. Logró estacionarse frente a un supermercado entre Porlamar y Valle del Espíritu Santo. Allí entregó su alma…
Gracias por haberme brindado tu amistad, Topito Mujica…