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Profesor Luis Andrés Hernández

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Luis A. Hernández G.

Lo importante es el diploma, ya habrá tiempo para aprender!

September 3, 2016 / Reflexiones

HAY QUE LLEGAR A VIEJO, SABIO, PERO NO PENDEJO

Admiro a la gente que llega a viejo sin darse cuenta. Pues, derivo de Einstein, ¡no son viejos! De Cumacatar, tengo una admiración por uno de ellos. Julián Villalba, agricultor, esposo de mi prima Santos, quien a los ochenta y siete años aún podía treparse a un techo de caratas para arreglarlo. Y a esa edad, iba con su machete todos los días a su conuco, cazaba con éxito con una bácula y una vieja linterna, y cualquier dolorcito de cintura se lo calmaba con una aspirina. Esa gente nunca se jubila. Pero lo que más me place de Julián es que no se queja de la vida, y que cuando conversa, su cara se ilumina con la alegría de un niño. Lúcido, alerta, fuerte.  A eso yo lo llamo sabiduría. Ha sabido gerenciar su vida, ante sus altos y bien bajos, como el viejo marino que maneja su vela con el conocimiento y paciencia astuta ante un tiempo de calma chicha y ante la tormenta inminente para regresar a casa antes de ella. Cuántos ricos,  profesionales universitarios exitosos y engreídos, cuánta gente común y corriente que simula alegría,  nunca aprendieron a conducir su vida, a manejarla como lo entiende Julián. Cuánto resentimiento, úlceras estomacales, miedo existencial, envidia y hasta odio, ¡cuánta dependenci!a. Gracias, Julián, campesino y sabio como mi «papá Justo». Gracias por tu testimonio.

Yo intuí el secreto de gente como Julián muchos años antes, en la lectura de un libro llamado Handbook of Higher Consciousness, escrito por Ken Keyes, víctima de poliomielitis, ya adulto, y que  pretendía clavarlo a una silla de ruedas. Desde esa silla de ruedas se hizo sabio. Su mensaje se resume en esta frase: «Tengo todo lo que necesito para ser feliz». Yo tenía entonces 50 años. Estoy muy lejos de haber alcanzado la meta de Keyes, pero la lectura de su Manual reorientó mi vida.  Julián es testimonio vivo de esa sabiduría. Él no toma en cuenta el tiempo, el espacio no lo intimida, y no le abaten, por vanas, las preocupaciones mundanas, cosas que se toman muy en serio…sin serlas, a fin de cuenta.

ooo

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