LOS JÓVENES DE CANCHUNCHÚ IBAN AL CINE SIEMPRE EN GRUPOS
Un par de años antes de terminar la década de los años treinta del pasado siglo, los jóvenes de Canchunchú estaban muy entusiasmados con la proyección de películas en Carúpano, en el Teatro Rex —toda una edificación diseñada para presentar espectáculos y proyectar películas— y en los cines Central y Bermúdez, salas humildes sin techo adaptadas para esta función. Estas dos últimas salas eran las preferidas de la gente humilde. De modo que si llovía…había que poner los pies en polvorosa. Por supuesto, a ellas iba la mayor parte de los cinéfilos de Canchunchú.
Las películas empezaban a las 7:30 p.m. para asegurar la suficiente oscuridad para la proyección. Y mis paisanos, complacidos, no veían ningún problema en ir de Canchunchú a Carúpano a pie con tal de ver la película que se publicitaba como de «acción, emoción y puños». Pero cuando la película era muy larga y ponían muchos «trailers» se les presentaba un «grave inconveniente», porque muchos, no todos, creían en espantos y aparecidos. ¡Y al regreso, a partir de las 9 de la noche, el camino tenía sitios específicos en que en cualquier momento podía salir «la chiguira», «la llorona», «la puerca con los doce puerquitos», duendes, etc., y a estos imaginados espantos se sumaban los «encapotaos», altamente peligrosos porque no era seguro si se trataban de apariciones «genuinas», o de vivos que se divertían asustando a los caminantes.
El último episodio que confirmaba la veracidad de estos temibles aparecidos fue lo que le pasó a Emilio Gutiérrez que entró en pánico cuando se le apareció uno de esos seres malignos y lo encontraron desmayado en un mayar con cientos de puyadas y de desgarres en el cuerpo causados por las espinas de la mata. «Eso le pasa a ese carajo por no hacerle caso a la gente de experiencia. Salió del cine, y en vez de ise pa su casa como lo hizo todo el grupo, se puso y a que a visitar a una novia a estas horas de la noche». Meses después se supo que a Emilio quien llo asustó fue un «encapotao»: un pretendiente que tenía la novia que se cubrió con un impermeable de caucho embarrado en grasa usada, y Emilio espantado se tiró al mayar creyendo que luchaba con el «espanto». Emilio, muy serio, negaba esta versión, y se aseguró en lo adelante de no separarse del grupo.
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