PODERES DE OBSERVACIÓN QUE HOY NO SE CULTIVAN
Recuerdo perfectamente, que aun siendo un niño de 6 a 7 años, me asombraba de la capacidad de observación de mi abuelo Papá Justo, y de sus hijos, apodados «Chilón» y «Goyo ) Atilio y Gregorio González, respectivamente, de Cumacatar, hoy Municipio Benítez del Edo Sucre Venezuela. Para ubicarnos en el tiempo, estamos hablando de la década de los años 40 del pasado siglo.
Una vez, en que podía sentir extremadamente finas gotas de lluvia en mis brazos, y yo tener la seguridad de que iba a llover, Papá Justo, al oir mi expectativa, me dijo: «Hijo, no va a llover, esa lluvia no cae». Efectivamente, la lluvia no cayó. Eran tiempos en que uno no podía contradecirle a una persona mayor.
Otra vez, yendo con mi tío Goyo, del rancho a buscar agua al río, él, viendo algo a sus pies, dice en alta voz, «Por aquí pasó una lapa gorda anoche a golpe de 7, vengo más tarde con la bácula a esperarla». ¡Y el tío, a eso de las 8 de la noche de ese día, se apareció con su lapa grande.
«Mañana podría llover…» pronosticaba el tío Chilón. Hay que ir temprano al conuco». Y con mucha probabilidad llovía al día siguiente.
«Está tronando para los lados de El Pilar». «¿Tronando?» replicaban las mujeres. «Nosotras no oímos nada».
Y digo que tenían su propia astronomía, porque le ponían nombre a algunas estrellas, que jamás oí repetir cuando estudiábamos el tema en la escuela o en el Liceo.
Era gente que tenían mucho dominio de los fenómenos cotidianos que les afectaban. Sé que es una capacidad humana que algunas personas tienen, por ejemplo los buenos cazadores y ciertos profesionales y expertos, pero entre la gente común, incluyéndome, ¡sentimos que nos tiraron una pedrada cuando ya tenemos el ojo morado!
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