EMIRO, AMIGO FIEL
Yo debí ser algo como un “enemigo invisible” del doctor Emiro Marcano Maza, médico psiquiatra de Margarita. Y además, poeta, excelente decimista, escritor, educador, luchador social y artero defensor de la juventud y cultura neoespartanas.
Y digo “enemigo”, porque yo formé parte del equipo académico-administrativo fundador del Núcleo de Nueva Esparta de la Universidad de Oriente, comenzando el año 1969. No porque mi futuro gran amigo estuviera en contra de la educación superior, sino porque, nada más y nada menos, luchó a brazo partido y fieramente por la construcción de un centro de sanación mental,y lo logró, pero a última hora, allí nos metieron una vez terminado el pequeño edificio. Es de imaginar que Emiro estuviese desconcertado. Su centro mental se lo quitaron de la mano, en un dos por tres.
Pero su lucha en pro de la juventud margariteña, sus alertas para que el progreso material de la Isla—la Zona Franca—no se convirtiera en una espada de Damocles hacia la salud cultural tan sui generis del neoespartano, y que tal “progreso” no trajera consigo drogas y prostitución,y costumbres contrarias al modo de ser “ñero”, todas estas cosas defendidas y respaldadas por el papel de la Universidad, nos unieron tanto institucional como personalmente. Fueron muchas las actividades que realizamos juntos, él como activista cultural y nosotros como Departamento de Extensión Universitaria. A tanto llegó nuestra compenetración que el desarrollo de un congreso de Psiquiatría, presidido por él, por la muerte de su señora madre, me pidió que me hiciera cargo de la dirección administrativa de dicho congreso. Tal función la cumplimos con nuestro asistente en la Extensión, Luis Teodoro García, y nuestra eficaz secretaria, Omaira Rojas.
Emiro y su grupo de luchadores culturales fundaron la Federación de Centros Culturales del Estado Nueva Esparta, FEDECENE, y más tarde dirigida por el Lic. Jesús Indriago Campo. Bajo su liderato formamos parte de una especie de Consejo de Directores. Cuando desde la UDO hacíamos un programa de radio, Emiro era uno de los invitados de honor. Más tarde Emiro diseñó y dirigió un proyecto de universidad libre y espontánea, y formé parte de su planta de profesores.
Estas actividades en conjunto, unieron nuestras familias. Mis hijos y hasta los nietos nacidos de mi hija Miriam y Chipi, y los hijos de Emiro se consideraban familia. Edilia, su esposa, y Rosa Mercedes, mi esposa, se consideraban hermanas. Librada, la mamá de Edilia, era nuestra consentida. Rosa y yo le echábamos muchas bromas porque a sus noventa y pico de años nos confesaba que tenía miedo de morirse, y nos reíamos con ella. En fin, tanto él como yo nos ganamos mutuamente un hermano.
La vida nos jugó una mala pasada. Rosa Mercedes se fue primero, el 7 de septiembre de 2011. No hace mucho se fue Edilia. Al amigo se unió el psiquiatra para el consuelo. Yo no soy psiquiatra, y me le fui aproximando poco a poco, torpemente, porque uno sabe qué decirse que sirva de consuelo. Sólo los recuerdos de esta férrea amistad aplacaron el hecho de no aceptar que la vida es un eterno ganar y perder, ir y venir, día y noche…
¡Gracias, hermano Emiro, por tu amistad!