PABLO CORTEZ, ¡INOLVIDABLE!
Hay personajes populares que se hacen tan nuestros que uno no duda en identificarse con ellos en cuanto a la cultura popular que compartimos. Tal fue el caso en Carúpano de Pablo Cortez.
Pablo, como él mismo lo confesaba, era un hombre dispuesto para todo. Si algún artista profesional llegaba a Carúpano y necesitaba un asistente, allí estaba Pablo. Si se necesitaba un personaje para que representara al pueblo en los comienzos del carnaval de Carúpano, era sólo cosa de decirle qué se esperaba que hiciera, y él se encargaba de lo demás. Por supuesto, como era pobre, había que comprarle lo que necesitara para hacer su personaje.
Conversar con él era una delicia, porque tú nunca sabías cuándo te estaba diciendo la verdad y cuándo una mentira para te rieras.
Lo estoy recordando hoy en una de sus muchas ocurrencias. Fuí una vez a Carúpano a pasar unas vacaciones, y cuando iba pasando por lo que en un tiempo se llamó Factorías Narciso, me lo encuentro, y lo saludo alegremente:
—Pablo, qué gusto en verte, ¿Cómo estas? ¡Te veo muy bien!
—Bueno, en realidad, no estoy tan bien. Tengo una diarrea muy brava. Aquí voy en el aire.
—Seguramente te entregaste a la milonga, y ahora estás sufriendo las consecuencias.
—-No, qué va. Estuve en Nueva York, en un importante viaje de negocios. Hay una gran
oportunidad allá de hacer una inversión de varios cientos de millones de dólares, y yo no
me la voy a perder..
— Pero Pablo, ¡eso no te iba a ocasionar una diarrea, algo hiciste!
— No, nada de eso. Regresé ayer de Nueva York, por Panamerican. A los pasajeros que
veníamos en primera, lo que nos dieron de comida fue cachapa con aguacate y morcilla,
¿tú te imaginas? ¡Tú sabes que yo no puedo comer esas cosas. Reinaldo González —un
importante médico cardiólogo en Carúpano, hoy fallecido—me las tiene terminantemente
Prohibidas! Bueno Luis, voy para una reunión urgente. ¡chao!
Y seguía su camino como quien no ha roto un plato…
ooo