¡HAY ALGO!

Choíta se consideraba católica, aunque no era supersticiosa para nada, simbiosis de creencias muy común en su época. Anteriormente hablé de un largo viaje a pie de Canchunchú Florido a Río Caribe. Este viaje tenía que ver con una angustia que le paralizaba la vida. Papá, Luis Ramón Hernández González, acababa de fallecer, víctima de una infección por haberse bañado en un río crecido, con el diagnóstico médico de «fiebre infecciosa». Como murió joven, completamente lúcido, a la semana de haber contraído la enfermedad, poco antes de morir quizo hablar con su mamá, Cruz de Hernández, «Macú», luego con sus dos hermanos, Ricardo y Enrique, y luego pidió hablar con mamá. Pero al querer hablar con ella la muerte se lo impidió. Por supuesto, Choíta se preguntaba qué habría sido lo que papá tenía que decirle.
A menudo sufría pesadillas con el mismo tema. Papá le iba a decir lo que tenía que decirle y al querer empezar a hablar, ella se despertaba. Desesperada acudió a su amiga de más confianza, María Dolores Hernández, la de Mauraco, y ésta que creía en el espiritismo, le aconsejó consultar con una medium que vivía en Río Caribe, de quien tenía muy buenas referencias. Choíta descartó tal recomendación porque ella no creía en esas cosas. Mamá continuó con sus pesadillas y María Dolores insistía en su recomendación. Finalmente, mamá accedió, desesperada. Por eso fuimos a Río Caribe.
Recuerdo como testigo de la sesión con la medium, que ésta empezó a rayar un cuaderno con un lápiz, aparentemente sin coordinación, puras rayas, y llegó el momento en que la medium le informó a Choíta que papá quería que saliéra de Canchunchú, que se mudara para Carúpano, y que pagara unos exvotos a Santa Lucía y a la Virgen del Valle..
Mamá, aunque curiosa de que la medium supiera detalles de su vida y que lo informado tenía coherencia, no creyó en absoluto en lo dicho por la señora, y hasta llegó a creer que María Dolores tenía algo que ver con el asunto. Por su supuesto, al saberlo, María Dolores se ofendió mucho cuando mamá se lo dijo.
Choíta, que continuaba con el mismo problema, supo que en El Rincón, bello pueblo entre Carúpano y El Pilar, había un señor «muy acertado», como se decía entonces. Y sin que María Dolores lo supiera, fuimos a ver al señor. Para su sorpresa —esta vez no fui testigo porque no me dejaron entrar al «altar» del señor—- mamá me dijo que el «acertado» le había dicho lo mismo que le dijo la medium de Río Caribe.
Mamá le compró al señor Juan Raffo de Carúpano, una casa en Bs. 600, pagado en fuertes, suministrados por «Papá Justo» .—Justo Pastor González, su papá— y de quien fue testigo, el señor Marcelino (no recuerdo su apellido), único documento, por aquello de que «mi palabra es un documento). Choíta viajó a la isla de Margarita con Malalala, pagaron sus promesas), mamá se mudó a la casa de Carúpano, la que después tuvo como dirección «Calle Bolívar No. 5) y no tuvo más pesadillas.
Y a menudo se le oía decir: «No termino de creer en esas cosas, pero ¡hay algo! Reinaldo, mi hermano y yo, a modo de respetuosa incredulidad, nos quedamos con el refrán: «¡Hay algo! Y con eso la recordamos con mucho amor.
ooo