MALAGO Y SU CORDIAL SALUDO
En los años de mi niñez,, recuerdo que mi papá saludaba con mucho afecto a “Malago”, uno de los obreros de un servicio municipal de Carúpano. Era muy amigo de la gente por su gran simpatía, y cuando estaba a medio palo llamaba a todo el mundo “Mierda”, sin que nadie se ofendiera porque todos sabían de su bohonomía.
–¡Apártate Mierda, que aquí viene Malago! Y todos celebraban su saludo.
Un día se promocionó en Carúpano la llegada del máximo líder de un partido político importante, procedente de Caracas. El gran acto de recepción fue en el aeropuerto —que en aquel entonces lo llamaban ‘el campo de aviación’— y de hecho, a dicho acto asistió casi todo Carúpano. Sin que nadie se lo esperara, Malago se subió a la tarima desde donde iba a hablar el importante líder. El locutor sin saber cómo reaccionar, se le ocurrió improvisar para salvar la situación y dijo algo así como: “El pueblo emocionado quiere saludar a su máximo líder, y en su entusiasmo tenemos aquí la presencia de un hombre de pueblo auténtico que desea darle personalmente la bienvenida”.
Malago, bien cargado de palos, con ese asomo de sonrisa que tenía esculpida en la cara, le da la mano al líder, con toda la naturalidad del mundo, y sin que el locutor pudiera evitar lo que pudiera decir y saliera por el parlante, a todo volumen se oyó: ¡¿Cómo estás, mierda?!
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