CAMINANDO CON MAMÁ
A mi mamá todo el mundo la llamaba «Choíta». Mujer nacida a comienzos de siglo XX, específicamente en agosto de 1902, campesina fuerte, físicamente y de carácter. Una de las cosas que recuerdo de mi infancia era su concepto especial de distancia, desconocido en el devenir del resto del siglo. Para ella, una distancia de 20 kilómetros por ejemplo, era «cercana» ,que podía recorrerse a pie, ¡así como así! Y el recorrido podía incluir cerros empinados, pasos de río, pantanos, etc. Y esto no fue una costumbre particular de ella. Era costumbre generalizada. Había caminos, veredas, muchos de ellos muy angostos, lo mínimo para pasar.
Era que mamá era de un campo llamado Cumacatar, de difícil acceso, a unos 20 kilómetros de El Pilar, el pueblo más cercano, capital del hoy Municipio Benítez del Estado Sucre, Venezuela. Y después de casada, se trasladó a Canchunchú, un campo no distante de Carúpano, la segunda ciudad más importante del Estado Sucre. El Canchunchú Florido del poeta Luis Mariano Rivera. Yo nací allí, centro del círculo de acción de la vida de mamá.
Una de las frecuentes caminatas de mamá era a la Toma, que ella consideraba una «ribota», nombre con un significado parecido al de «pic nic». Este «paseo» incluía una larga caminata por la carretera hacia El Pilar, un cruce a la derecha en un sitio llamado «El Lazo», y de allí una subida de cerro hacia el pueblecito de El Charcal. Una larga subida hasta llegar a la Toma, por donde pasaba el río. Por supuesto mamá iba con su carga de ropa, la comida que iba a hacer allá arriba, y de regreso, con el peso de ropa mojada. Y todo como si nada. Por supuesto, yo era su compañero de viaje, desde los 5 a 6 años edad. ¡Y no tenía que llevarme cargado! Mi hermano Reinaldo se quedaba en casa con Malalala, nuestra adoptada abuela. Tenia muy poca edad para estos trotes.
Otra caminata que recuerdo como la de mayor distancia recorrida, fue de Canchunchú a Río Caribe, capital del hoy Municipio Arismendi, pintoresca ciudad a unos 22 kilómetros de Carúpano. Pasando por Carúpano, llegamos al pueblo de Macarapana, famoso por su casabe. Al llegar al sitio de la Gruta de la Virgen de Lourdes, haciendo un cruce hacia la izquierda nos dirigimos a un campo llamado Mauraco, donde vivía la señora María Dolores Hernández, familiar lejana pero muy cercana a la familia. Allí pasamos la noche, y bien de mañana seguimos camino, hasta llegar a Río Caribe, por un sitio llamado Las Charas. Esto no fue un viaje de paseo. Mamá necesitaba hablar con alguien, sobre un tema que trataré en su oportunidad. De regreso, cubrimos la misma ruta, sólo que dormimos en Carúpano. Estábamos exhaustos como para seguir hasta Canchunchú.
Qué van creer mis amigos de hoy día que yo, desde Canchunchú, a la edad de siete años, venía caminando a la Escuela «Pedro Elías Aristiguieta», ¡que quedaba frente a la Plaza Bolívar de Carúpano! ¡Con la expresa prohibición de mamá de no aceptar ninguna cola de automóvil, bicicleta o motocicleta!¡ Si los escolares de hoy, viviendo en Carúpano, consideran «lejos» una escuela que les quede a cinco cuadras de casa!
ooo